martes, 19 de junio de 2012

Las manos, ‘diana’ de los riesgos biológicos

RiesgoBiológico-ASEPAL.doc. Manuel Domene. Palabras: 2.294

Los trabajadores de los laboratorios y los profesionales de la sanidad afrontan diversos riesgos laborales de origen biológico. Se trata, en suma, de la exposición a virus y otros micro-organismos, fármacos agresivos, y del riesgo de pinchazos o cortes con material quirúrgico.

Las manos, nuestra primera herramienta de trabajo, son el principal órgano diana de los peligros biológicos. Sólo la prevención y el uso de guantes pueden evitar consecuencias de efecto y alcance indeseables.


La exposición a agentes biológicos por contacto con microorganismos infecciosos puede desembocar en el desarrollo de una enfermedad infecciosa o, en el mejor de los casos, en la aparición de reacciones alérgicas. Ambas circunstancias dependerán de la virulencia del germen, su ciclo biológico, las condiciones ambientales y las características inmunológicas del trabajador infectado.
Por “agente biológico” se entiende cualquier microorganismo –en su estado natural o modificado genéticamente-, cultivos celulares y endoparásitos humanos susceptibles de originar cualquier tipo de infección, alergia o toxicidad en seres humanos. Así, en la lista debemos incluir los virus, bacterias, protozoos, hongos y helmintos.

Vías de entrada de los agentes biológicos
A los efectos de Tomás Bodero, en tanto que fabricante de guantes, nos limitaremos a hablar de la piel (vía dérmica o vía parenteral, según sea el quebrantamiento de dicha barrera). Por supuesto, la exposición también puede darse por vía respiratoria y digestiva.
La entrada de los agentes biológicos por vía dérmica puede ser a consecuencia del contacto directo, pinchazos, mordeduras, cortes, erosiones, salpicaduras, etc.
La contaminación de los trabajadores de laboratorios y hospitales suele darse por el contacto –a través del quebrantamiento de la capa dérmica- con fluidos biológicos, siendo el más universal de los mismos la sangre. Seguramente también sea, con diferencia, el que más accidentes biológicos o infestaciones produzca entre los trabajadores del sector.

La sangre como riesgo laboral
Los trabajadores de la salud y los de los laboratorios corren el riesgo de exposición ocupacional a patógenos de la sangre, como el virus de la hepatitis B (VHB), el de la hepatitis C (VHC), y el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), que puede provocar el SIDA. Las exposiciones ocurren por pinchazos accidentales con agujas u otros objetos afilados o punzantes que están contaminados con sangre infectada, o por contacto dérmico con la sangre del paciente infectado.
Si bien es cierto que la mayoría de exposiciones no ocasionan una infección, no conviene tentar a la ‘suerte’, que depende de hechos objetivos como son el tipo de patógeno implicado, el tipo de exposición, la cantidad de sangre en la exposición, la concentración del virus en la sangre del paciente en el momento de la exposición...
El riesgo promedio de infección por VIH después de una exposición (por un pinchazo de aguja o corte) a sangre infectada es aproximadamente del 0,3%, o 3 casos de cada 1.000. La exposición a través de la piel provocaría infección en el 0,1% de los casos. El riesgo es mayor si la piel del “receptor” se encuentra dañada, si el contacto es en un área grande o se prolonga en el tiempo.
De todos modos, estas cifras sólo son especulaciones estadísticas. Ningún profesional querrá padecer la incertidumbre de un posible contagio por más que la estadística indique que sólo se da en un 0,3% de los casos de punciones accidentales. El mejor remedio es la prevención, y ésta pasa por el empleo del sentido común, medidas de auto-protección y, naturalmente, el empleo de guantes adecuados que neutralicen la acción de agujas, escalpelos, lancetas y otro instrumental cortante empleado en hospitales y laboratorios que puede convertirse en nuestro enemigo biológico.
Las técnicas de seguridad empleadas generalmente son: no volver a tapar a mano las agujas, desechar agujas usadas en recipientes apropiados de eliminación de objetos punzantes o cortantes, y usar instrumental con mecanismos de seguridad que previenen lesiones.

Los temidos pinchazos
Se constata que el mayor número de accidentes laborales con material biológico se producen en el colectivo de Enfermería y más concretamente en las áreas quirúrgicas y médicas, seguido de los laboratorios y servicios de extracciones. Según datos del Sindicato mayoritario de Enfermería, un 89% de las exposiciones accidentales serían inoculaciones percutáneas, de las cuales el 87% son pinchazos. Como se ve, es el accidente más frecuente, debido quizás a la costumbre de re-encapsular las agujas o por no disponer de un sistema de eliminación de residuos adecuado con el suficiente número de contenedores rígidos.
Las actividades con mayor riesgo de accidente son la administración de medicación IM/IV (intramuscular-intravenosa), la recogida de material usado, la manipulación de sangre, el re-encapsulado, suturar, las agujas abandonadas y la recogida de basura o desechos. Hay que tener en cuenta que existe una clara infra-declaración de este tipo de accidentes, por lo que las estadísticas –caso de estar bien hechas- podrían mostrar una situación harto alarmante sobre la siniestralidad de raíz biológica del sector.

Animales de experimentación
Los conocidos como animales de laboratorio contribuyen –sin saberlo- a mejorar la salud de los humanos, aunque también representan un riesgo biológico para el personal que está en contacto con los mismos. Las cobayas, los ratones –y, en general, cualquier animal de laboratorio- es una fuente potencial de riesgo biológico en sus vertientes activa (un posible ataque) como pasiva (transmisión de parásitos o enfermedades).
A propósito de enfermedades infecciosas, no podemos dejar de referirnos a la siempre recurrente gripe aviar, que ha hecho correr los ríos de tinta por suponer un riesgo biológico para los trabajadores y la población en general.
La gripe aviar es, básicamente, una enfermedad que puede afectar a las aves y, ocasionalmente, transmitirse al hombre. Esta enfermedad, que fue identificada en el sur de Italia hace cien años, es por tanto conocida en los ambientes avícolas y ganaderos. Es una enfermedad muy contagiosa; los microorganismos se encuentran principalmente en gallinas y aves ubicados dentro de zonas de corral, aunque no es descartable la transmisión de la epidemia por aves migratorias en libertad.
La transmisión se realiza por contacto directo con las heces infectadas y otras secreciones. Para colmo de males, se han encontrado evidencias de que la enfermedad estaría mutando y, con ello, diversificando sus cepas. En este sentido, cabe destacar que el Servicio de Investigación Agrícola estadounidense (ARS, en sus siglas inglesas) ha identificado recientemente una nueva cepa de la gripe porcina con una particularidad molecular: su composición incluye genes tanto de la gripe aviar como de la porcina. De hecho, el hallazgo no es nuevo, sino una confirmación de una evidencia anterior. En 2003, expertos chinos confirmaban por primera vez la identificación del virus de la gripe aviar H5N1 en cerdos. Existiría pues una cadena de contagio de aves a mamíferos, que se convertirían en el “hábitat” idóneo para la mezcla de un virus mutante. Sin ánimo de especular, sólo recordaremos que el ser humano está incluido en la lista de los mamíferos.

Manejo de fármacos citostáticos
Por desgracia, los riesgos biológicos que afrontan el personal sanitario y los empleados de laboratorios no se limitan a los fluidos y los pinchazos. Existe otro riesgo biológico que procede de algunos fármacos, como los citostáticos. Ello es normal pues las sustancias no son inocuas, no ya en su fase de medicamento de síntesis, tampoco suele darse la inocuidad en la forma más natural, que estaría representada por la materia prima primigenia o el principio activo.
Los citostáticos son fármacos capaces de inhibir el crecimiento desordenado de las células tumorales, alterando la división celular y destruyendo las células que se multiplican más rápidamente. Por estos motivos este tipo de fármacos se usan en el tratamiento farmacológico (quimioterapia) de enfermedades neoplásicas (cáncer). Por alterar el funcionamiento celular, los citostáticos son fármacos citotóxicos (tóxicos a nivel celular) aunque no son los únicos. Sus efectos pueden ser locales e inmediatos asociados a exposiciones accidentales (cutáneas), o sistémicos (a largo plazo) producidos por exposiciones continuas y repetidas a bajas dosis por vía cutánea.
·Efectos locales
Se producen como consecuencia de vertidos, cortes con material contaminado o accidentes que ponen en contacto la piel o mucosa con el citostático. En función del fármaco utilizado pueden producirse irritación local o ulceración y posterior necrosis en la zona. Otros pueden provocar alergias (citotóxicos alergénicos).
·Vías de entrada
La exposición se produce por contacto directo con la piel. Las reacciones adversas más frecuentes son irritación, dermatitis, etc, aunque también pueden producirse efectos sistémicos.
La vía parenteral implica la entrada directa del medicamento a través de pinchazos o cortes producidos por rotura de ampollas y viales.
El personal con mayor riesgo de exposición son los profesionales de enfermería, auxiliares de enfermería, personal de limpieza y farmacéuticos, aunque se considera personal expuesto a todo aquél que interviene en los procesos de preparación, transporte, administración y eliminación de citotóxicos.
·Tratamiento de las excreciones
Los excrementos y los fluidos biológicos de los pacientes tratados con citotóxicos pueden tener un elevado contenido de estos medicamentos o de sus metabolitos. El personal que tenga que estar en contacto con excretas o productos biológicos debe adoptar las correspondientes medidas de precaución (guantes dobles de látex).
Cuando se utilice la orina para analíticas, su recogida y manipulación debe realizarse con especial precaución (guantes y bata). También deberá existir una identificación en la muestra de modo que el personal del laboratorio pueda adoptar las medidas de precaución oportunas.

Residuos hospitalarios y de los laboratorios
La recogida, gestión y eliminación de los residuos supone un auténtico problema, problema con riesgos colaterales para la salud laboral de los trabajadores del sector.
Los residuos representan un riesgo biológico para el personal no sanitario por el contacto directo con enseres como la ropa de cama o prendas que se envían al servicio de lavandería. En los hospitales conocen muy bien la casuística de que las agujas hipodérmicas acaben apareciendo en las dependencias de la lavandería o dentro de las propias lavadoras. También está expuesto el personal del servicio de limpieza y el de mantenimiento, etc.
Es vital que existan los pertinentes protocolos de recogida, almacenamiento y evacuación de los residuos que puedan contener agentes biológicos. Por otra parte, el transporte, tratamiento y disposición del residuo se debe gestionar a través de profesio­nales debidamente acreditados, formados y conocedores del riesgo que llevan entre manos –nunca mejor dicho. ¡Y las manos deben estar protegidas!

Contra el riesgo biológico, barreras de prevención
Hace ya muchos siglos que los humanos desarrollamos el escudo para protegernos de ciertas agresiones. Ésta es, ni más ni menos, la solución preventiva: establecer un escudo o barrera física entre el instrumental portador de fluidos contaminados y las manos del personal que lo maneja, entre el animal de experimentación y el técnico de laboratorio, entre el dispensador de fármacos y el paciente, entre los residuos peligrosos y sus gestores. No hay otra solución. La barrera para las manos consiste en un par de guantes... sean éstos anti-pinchazos, anti-mordeduras, anti-fármacos agresivos o anti-detritus peligrosos. El resto del cuerpo se protege con mascarillas, gafas y batas. Ni que decir tiene que todo ello se ha de complementar con una higiene metódica y rigurosa, que es la madre de todas las batallas contra el riesgo biológico.
El uso de guantes está indicado por los servicios de prevención para todos los riesgos que hemos descrito previamente:
-Manejar sangre o fluidos corporales, objetos potencialmente infectados o al realizar procedimientos invasivos en pacientes de riesgo.
-Manejar animales de experimentación en el laboratorio.
-Manipular-gestionar excreciones de pacientes infecciosos y los residuos de laboratorios y hospitales.
-Administrar a los pacientes fármacos que implican un riesgo biológico para el personal sanitario. En relación con los citotóxicos, se recomienda la utilización de guantes quirúrgicos de látex y, en algunos casos, también de PVC (sin talco en el interior). Los guantes deben colocarse por debajo de los puños de la bata, y se aconseja cambiarlos frecuentemente (cada media hora), y siempre que se contaminen con algún citostático, cuando sufran alguna rotura y al finalizar cada sesión de trabajo. El uso de doble guante es recomendable siempre que no dificulte la técnica de manipulación.

Blindaje contra cortes, laceraciones y punción
Tomás Bodero cuenta en su amplia oferta con guantes basados en
tejidos de altas prestaciones reforzados con un “escudo” o “armadura” de diminutas corazas que se encuentran adheridas al tejido. Así se obtiene una inigualable protección frente a objetos punzantes. Además, la propia arquitectura del material barrera confiere una protección superior contra la punción (agujas en el sector sanitario, por ejemplo). Ello se debe al mínimo espacio existente entre cada una de las corazas protectoras y al uso de diferentes capas. Si un objeto punzante interesa la superficie del tejido, queda detenido entre sus capas cuando entra en contacto con la armadura interna.
En los centros asistenciales se desechan miles de jeringuillas contaminadas diariamente. No por extraño es menos cierto que muchas de estas jeringuillas, potencialmente peligrosas, no acaban en la basura hospitalaria, sino en la lavandería del hospital. Los guantes para la protección contra los pinchazos ayudan a prevenir millones de accidentes de los trabajadores de estos servicios.
Asimismo, los guantes con la tecnología descrita anteriormente aseguran una excelente protección contra mordeduras, arañazos u otras lesiones provocadas por los animales de experimentación.
Existen referencias que cuentan con tres capas de protección frente al corte y la punción (nivel 5) tanto en la palma como en el dorso de la mano. Su diseño pre-curvado y el forro de rejilla aumentan el confort durante usos prolongados, disponen de una gran superficie de agarre y manguito extensible para proteger hasta el codo cuando ello es necesario. Pueden usarse con un sobre-guante de nitrilo como barrera contra el líquido.

© Manuel Domene Cintas. Periodista.
Artículo elaborado para el departamento de Marketing de Tomás Bodero, S. A. Supervisión por el alergólogo Pedro Carretero.

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